Lago Agrio , 2010-01-20
Por: Mateo Martínez Abarca
A mediados del año 2007 se presentó la iniciativa Yasuní ITT en el salón de los banquetes del Palacio de Carondelet. La iniciativa partía de la reformulación de uno de los mecanismos previstos dentro de los protocolos de Kioto, para la reducción del calentamiento global: los bonos de carbono. La propuesta era revolucionaria e innovadora en términos políticos, en cuanto hacía responsables de la deuda ecológica a los países industrializados -principales emisores de CO2-; evitando a la vez las terribles consecuencias que ineludiblemente generaría la explotación petrolera dentro de un área protegida, donde existen, además, pueblos en aislamiento voluntario.
Por aquel entonces el proyecto de la Revolución Ciudadana vivía su época dorada y el ambiente general era de unidad. Alberto Acosta sonreía en un lado del salón junto a unos niños, Pareja Yanuzzeli imprimía su firma en una de las vallas para la campaña, Fánder Falconí departía un poco más allá. Entre los invitados estuvieron dirigentes indígenas, entre otros, Marlon Santi, integrantes de casi todas las agrupaciones ambientalistas, diplomáticos y cooperación internacional. Inclusive estaba la actriz norteamericana Daryl Hannah, famosa por su papel como La Sirenita.
Aunque era la fiesta de lanzamiento de un proyecto tan importante, uno de los pocos que no sonreía y mantenía su habitual seriedad era el Presidente de la República. Al tomar la palabra para referirse al proyecto, lo hizo con tan poco entusiasmo que los aplausos salieron fríos. Finalizó su intervención con una sentencia que cayó como un baldazo de agua fría: se daba el plazo de un año para la gestión del proyecto, o se explotaba el ITT. Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces.
Desde sus inicios, la iniciativa siempre estuvo en la cuerda floja, evidenciándose fracturas en Alianza PAIS. Se trata de dos visiones sobre el desarrollo contrapuestas: una realista pragmática que ve la necesidad de explotar los recursos naturales y generar recursos para combatir los problemas históricos del país; y otra, que entiende que la dependencia de la explotación de recursos es justamente una de las causas de esos problemas históricos, por lo cual es imprescindible un cambio de modelo. Finalmente terminó por imponerse la primera, cosas de la guerra subacuática.
Una de las razones por las que la gente votó por este proyecto, fue porque percibió el agotamiento de la matriz neoliberal y vio la urgencia de transformaciones radicales en el modelo de desarrollo y en las estructuras políticas. A los tres años, la época dorada de la Revolución Ciudadana parece haber concluido y volvemos en el tiempo al mágico país de los años 70. Paraíso de recursos, sin indígenas, ecologistas ni molestas preocupaciones ambientales. Las campanas dan la medianoche y en su palacio, el príncipe despierta de su sueño. Sale al balcón a tomar aire y descubre que las carrozas se han convertido en calabazas. Una mano le toca el hombro. Piensa que es Daryl Hannah, pero en su lugar aparece un secretario con decretos por firmar. (Fuente: Eltelegrafo.com.ec) |